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Capítulo 4.

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Apenas subió las escaleras comenzó a sentirse mal. Caminó hasta su cuarto pero se encontró con una de sus tías durmiendo allí. Así que se dirigió a la única habitación vacía, la de sus padres. Se arrojó a la cama y comenzó a sollozar. Le ardía el pecho, no entendía cómo podía sentirse tan mal. Aunque tenía una vaga idea al respecto. Llevó sus manos hacia su sien y comenzó con leves movimientos, tratando de calmarse. Pero se sentía estar en medio de un incendio, el fuego calcinaba sus pulmones, su corazón.
Lo odiaba. De sólo pensar en él su cuerpo se contraía de asco. Le había considerado un niño bueno, un pequeño que necesitaba una amiga, le había prometido ayudarle. Pero él al indicarle el anden la dejó marchar sola. Pudo presenciar como un hombre alto y terrorífico lo tomaba de un brazo y le golpeaba el rostro con extremada fuerza. No podía hacer nada al respecto, ya comprendía por qué estaba huyendo. Atravesó la columna como le había indicado y después de eso jamás volvieron a dirigirse ninguna bonita palabra. Su corazón de niña se rompió en pedacitos cuando la trató tan mal en el colegio. Por suerte supo acostumbrarse con el pasar de los años. Pero había noches en que los ataques eran tremendos. Sentía asfixia al pensar en él…
-Recuerda la promesa…-susurró antes de unir sus labios en un roce tierno e infantil.
Fue entonces cuando aquel rubio despreciable apareció golpeando al pequeño y ella tuvo que irse, temiendo ser victima de aquel maltrato. Apareció en el anden 9 ¾. Las familias despedían alegremente a sus hijos que se subían alegres al tren. Ella era la única sola… Anduvo dando vueltas hasta encontrar a un morocho que se alejaba de su abuela buscando algo, preocupado. Ese fue su primer amigo: Neville Longbottom.
Al rubio lo volvió a ver, pero nunca más fue el mismo que había conocido en un principio. Parecía que aquel que le dirigía los insultos y las miradas llenas de desprecio fuera otro  con igual apariencia. Intentó olvidarle, pero tarde o temprano sus ofensas la afectaban. Con el pasar de los años dio por sentado que el muchacho no tenía remedio, jamás volvería a ser el mismo. Pero ahora tenía que venir y comportarse así, recordarle aquel furtivo encuentro. Como le odiaba…
Un sonoro gemido salió de su garganta justo antes de que golpearan la puerta. Estaba sufriendo, lastimosamente podían oírla desde el otro lado. Sin embargo aguardaron a que ella abriera la puerta, nadie entró. Podía estar muriéndose y esperarían a que ella fuera a abrir…
-¿¡Qué sucede?!-chilló abriendo la puerta molesta, sin molestarse en secarse las lagrimas o arreglarse el cabello.
-Lo mismo pregunto, Granger.
Se apresuró a limpiarse el rostro y acomodarse para no pasar más vergüenza de la necesaria y lo fulminó con la mirada. ¿Qué le importaba a él? Ni siquiera entendía por qué estaba allí cuando debía estar desayunando. Le miró detenidamente, en aquel atuendo tan gracioso y sus ojos se detuvieron en sus labios. Instintivamente llevó su mano hacia los suyos, recordando…
-Muérdago…
Se limitó a mirarle sin entender. El muchacho sonrió, sus labios se curvaron levemente hacia arriba y dejó ver una perfecta hilera de dientes. Estaba embobada viendo esos finos bordes elevarse sutilmente, logrando una inusual perfección. Cuando su lánguido dedo índice señaló hacía arriba. Sus ojos siguieron la dirección que estebe indicaba y sintió una corriente de aire frío estrellar contra su cuerpo. ¿Quién había abierto la ventana? ¡¿Quién rayos colocaba un muérdago en el marco de la puerta cuando las fiestas se pasaban en familia?!
Maldijo cien veces a sus padres por ser tan melosos y a su tía por privarla de su habitación antes de volver a enfrentar a Malfoy con la mirada. Aquella extraña sonrisa se le antojaba muy burlona en aquel preciso momento…
-No pienso besarte.
Su carcajada fue sutil pero enfureció a la castaña. Él era el único que se divertía allí, ya que simplemente todo era un juego. Pero ella se tomaba las cosas en serio y no le causaba ninguna gracia la situación.     
-Recuerda la promesa…
Hermione cerró sus ojos tontamente. Estaba cayendo nuevamente en la red que él tejía. Aunque no le molestaba mucho, simplemente quería volver al pasado. Las palabras que le había dicho antes de besarle, eran las mismas que en aquel momento. Inevitablemente, Al parecer, el rubio sabía cómo dominarla.
El ruido de una puerta al abrirse sobresaltó a la pareja cuando faltaban centímetros para unir sus bocas. Entonces la chica sintió como unas manos grandes la tomaban de la cintura y le llevaban dentro de la habitación. A pesar del asco que le tenía su piel se erizo cuando uno de sus dedos se coló por debajo de su camiseta. Quiso reprimir tal reacción pero le fue imposible. Apartó sus manos de un manotazo cuando le fue posible.
Sosteniéndola de las caderas la guió hasta la cama y se arrojaron en ella. Hubiese sido una situación un tanto incómoda de no ser por la risa contagiosa del muchacho. Era la primera vez que le oía reír tan abiertamente. Las risotadas de los Slytherin eran burlonas e insoportables. Pero aquella carcajada era sincera y divertida, melodiosa. Ambos terminaron riendo sin saber muy bien de qué.
-¿Quieres que te bese?-consultó el rubio cuando la risa se detuvo. Se recostó de costado, sosteniendo su cabeza con una mano y mirándole con seriedad.
-No.
-¡Qué duro! Hasta hace un rato no parecía que no quisieras…
-Te odio.
-Tienes todo el derecho…
Le daba la espalda, no quería ver la mueca burlona en su rostro, simplemente podía imaginársela. Jamás se hubiese imaginado que al voltear se encontraría con una seriedad sepulcral en aquel pálido perfil. Últimamente todo lo que se imaginaba con respecto al rubio terminaba traicionándola. Ya no sabía qué pensar o hacer. ¿Una persona podía cambiar de la noche a la mañana? En verdad no sabía a ciencia cierta cuando habían surgido aquellos cambios…
-¿Qué quieres de mi, Malfoy? Ya me has pisoteado bastante, búscate otra alfombra… O vete con Parkinson, ella te recibirá con los brazos abiertos en su mansión…
Luego de haber hablado se mordió el labio inferior. ¿De dónde habían salido aquellos malditos celos? Parkinson no tenía comparación con ella. Pero Malfoy la tenía colgada de un brazo como una garrapata las veinticuatro horas del día. Hundió su rostro en el colchón maldiciendo sus pensamientos y deseando que una vez levantase la vista no hubiera más hurones en la cama. Sin embargo al elevar su rostro rozó la nariz perfectamente proporcional del muchacho.
-¿Celosa, Granger? Me gustaría que tú abrieras los brazos para mí…
Estuvo muy tentada a insultarle e irse. Aunque tenía ciertos comentarios con los cuales rebatir su palabras. Tuvo que tragarse todo debido a cierto carraspeo proveniente de la puerta. ¡La habían dejado abierta! Desvió su mirada hacia la entrada y sintió cómo su alma abandonaba su cuerpo lentamente. Les dedicó una sonrisa incómoda a sus padres y evitó que su espíritu se marchara lejos…
-Mami, Papi, Señora Malfoy…   
-Tenemos que hablar-sentenciaron los adultos, los jóvenes tragaron saliva.
Draco Malfoy se marchó obediente junto a su madre escaleras abajo mientras que Hermione permanecía en silencia sentada en la cama observando a sus padres de pie frente a ella. No habían estado haciendo nada malo, no se habían besado, no había más contacto que el de sus narices. ¿Desde cuando habían estado observando? ¿Cuánto habían oído? Soltó un suspiro y se dedicó a esperar el regaño que tenían preparado sus progenitores. Más problemas no podía tener, pensó apenada… 

Jessica C. Black
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Capitulo 3.
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  No fue un sueño, estaba despierta, consciente, cuando comenzó. Apenas había podido dormir, con solo abrir los ojos deseó que todo hubiese sido una pesadilla. Bajó  las escaleras y se encontró con el par de rubios durmiendo en una cómoda cama, en medio de la sala de estar. Lo primero que llamó su atención fue la cara de ángeles que poseían madre e hijo, parecían inofensivos a simple vista. Pero ella los conocía tan bien como al molesto chicle que se pega en las suelas de los zapatos. Nadie hubiese imaginado que esa enorme cama había aparecido por arte de magia...
Al entrar en la cocina ya había algunos parientes desayunando. Sus padres eran la pareja más feliz del mundo. Su primita no paraba de hablar del extraño Santa Claus que dormía en la casa. Algunos tíos estaban asombrados por lo maravilloso que era el sofá-cama y discutían sobre lo efectivo que resultaba tenerlo y cómo nunca se habían dado cuenta de que no era solo un sofá. Por supuesto, pensó la castaña, a la noche había terminado convirtiéndose en cama, antes era un simple sofá. Solo Hermione estaba con un humor peor que el de un duende de Gringotts. Ya que al parecer era la única consciente de que resguardaban bajo techo a un par muy peligroso.
Nuevamente volvía a jugar son su comida. Si aquello continuaba así y los nervios no se marchaban, acabaría desintegrándose por la falta de alimento. No era ni la primera ni la segunda vez que perdía el apetito. Todo comenzó cuando lo conoció a él. Había pasado noches sin alimentarse por su culpa. Con el tiempo lo había superado, pero le volvía a ocurrir.
¿Cómo iba a probar bocado alguno con aquella vista? Tenía entendido que medía un metro ochenta, pero no pensaba que al ser tan flaco el pijama de su padre le quedara tan gracioso. Se dio cuenta de que se asemejaba a las escobas que vestía con prendas de su madre cuando era pequeña y no tenía amigas con quien jugar. En su rostro se dibujó una mueca divertida cuando lo vio aparecer, pero contuvo la risa. Estaba soñoliento y tenía los ojos rojos. Aquel extraño brillo no significaba otra cosa más que llanto. ¿Por qué se hacia el vulnerable?
Sus miradas se encontraron y Hermione se estremeció. No hacía falta que la mirara apenas entraba en la cocina, había distintas opciones mejores que llamaban la atención, ella era una mancha en la pared. Pero no, era en la primera que se fijaba. Con aquel simple contacto visual comenzó a recordar. Las palabras intercambiadas bajo la nieve cobraron sentido, revivieron del lugar más recóndito de su mente, para atormentarla.  
Estaba parada de pie, en medio de tanta gente, perdida. Decía, en la carta, exactamente anden 9 ¾. Pero no encontraba el sitio donde se suponía que debía estar el expreso que la llevaría al colegio. No sabía qué hacer, sus padres la habían dejado esperando, ya que ella les había asegurado saber lo que hacia. Llevaba un rato observando a la gente pasar, despistada. Lo único que temía era que se le pasara la hora y perder el tren. Sin embargo, no sabía qué hacer y si continuaba así jamás lo sabría.
Entonces lo vio. Llamó su atención ya que corría desesperado con una jaula en la mano y un baúl en la otra. Estaba tan ocupado tratando de escapar de algo o alguien que golpeaba a todo el que se metiera en su camino. La pequeña Hermione prevenía que si no se hacia a un lado recibiría un gran golpe. Aunque no pudo moverse, él era su salvación, vestía raro y llevaba lo que especificaba la carta. Más tarde se arrepintió de no haberse corrido del camino del rubio.
El golpe fue seco, provocó que cayera al suelo de espaldas. Por suerte llegó a colocar las manos para frenar la caída y no golpearse la cabeza. Igualmente se lamentó lo torpe que había sido al derrumbarse. Observó desde el suelo como el niño extendía una mano pálida, ofreciéndole su ayuda y la aceptó. Se puso de pie, gracias al impulso del chico, y le sonrió nerviosa. Sus miradas se encontraron y notó las lágrimas en sus mejillas, el brillo rojo...
No tuvo tiempo para preguntar. Aún sosteniendo su mano el rubio comenzó a correr con ella. No entendía cómo había acabado en aquella persecución sin sentido, solo esperaba llegar a tomar el tren a tiempo. Lo que mas le preocupaba era aquel chico que la guiaba. Parecía un pequeño angelito y quería limpiarle las lágrimas y decirle que ella podía ser su amiga, no tenia porque sentirse mal. Algo raro se instaló en su interior mientras corrían juntos.
Se detuvieron bajo la sombra de una columna, donde nadie podía verlos. Sus respiraciones estaban agitadas, sus cabellos despeinados y tenían algunos golpes por haber chocado con personas en el camino. Lo único que le interesaba a la castaña era saber por qué el rubio huía y lloraba. Se acercó a él y le quitó una lágrima que adornaba su rostro. Los ojos color metal derretido la miraron asombrados.
-¿Por qué estás así?
-Estoy bien. ¿Cuándo lo necesite me ayudarás?
Le pareció una contestación rara, estaba visible que el niño no estaba bien en absoluto. Se mordió el labio inferior, insegura. No se imaginaba lo que sufriría él, lo que sería necesitar ayuda en sus situaciones. Temía por lo que tenía que pasar. Estaba enterada de que había padres que trataban mal a sus hijos. Pero el rubio estaba en perfectas condiciones físicas, no sabía qué pensar, qué responder. Se limitó a asentir con la cabeza. Podían llegar a ser amigos en el colegio, parecían tener la misma edad, quizá hasta estudiasen juntos...
-¿Lo prometes?
-¿Qué?
-¿Prometes que me ayudaras cuando te lo pida? A pesar de lo que te exija… A pesar de lo que ocurra entre nosotros… ¿Me ayudaras? Promételo… Por favor…
Una lágrima traicionera escapó de sus ojos. Se apresuró a limpiarla y desviar la mirada. No quería sentirse mal en navidad. Estuvo tentada a gritarse que no prometiera nada, que no aceptara, que volviera a buscar por sus propios medios el anden y le dejara solo. Pero no podía cambiar el pasado, no podía hacer nada al respecto. Todo había pasado delante de sus ojos, como si lo viviera desde una tercera persona. Recordaba que Harry había descrito así a lo que sentía cuando visitaba recuerdos. Pero jamás había utilizado un pensadero. Aquello había sido raro. Ahora que analizaba la situación: él había sabido lo que sucedería, él la conocía, sabía qué era y a pesar de todo le pidió que le prometiera tal cosa, sabiendo que después la trataría peor que a un elfo. Ella era la única tonta allí…
-¡Hermione!-su madre le llamó la atención cuando se puso de pie de repente.
Le repugnaba estar en la misma mesa que Draco Malfoy, después de todo lo que había soportado de él. Salió ignorando las exclamaciones de su madre y fue a encerrarse a su cuarto. Por supuesto que cumpliría la tonta e infantil promesa que había hecho. Pero aquello no implicaba fingir ser agradable con él. Pasaría la navidad en su cuarto. Prefería un Crucio antes que ser amable con el rubio y permanecer en la misma habitación. Sentía un doloroso nudo en el pecho, por su culpa, no podía respirar… ¿Qué le pasaba a su cuerpo?   

Para BellaBlack
Jessica C. Black
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Capitulo 3. 
Sentí un potente resplandor. La cabeza me martilleaba por la falta de calmantes y sentía la garganta seca y raposa. Una molesta picazón se instaló debajo de mis parpados. Los refregué con la poca fuerza que tenía y presté sumisa atención a lo que me rodeaba. Estaba despierta o quizá seguía soñando, pero estaba segura de que algo rondaba cerca de mí.
-Soy la estrella que te guiará a partir de ahora..-ronroneó una voz varonil, demasiado cerca de mi oído.
Mi cuerpo sufrió una pequeña punzada del susto, se elevó un poco en el aire y luego reaccionó. Extendí mis brazos en el aire e intenté percibir a la persona que intentaba burlarse de mi, pero solo atravesé el aire con mis manos, el espacio vacío que siempre me acompañaba. Estaba segura de que había un hombre por allí, lo hubiese agarrado con mis manos de no tener reacción tardía. Seguiría intentando encontrar algo en aquel inhospito aire de no ser porque nuevamente me sorprendió la luz brillante.
-Pide un deseo.
De no ser porque podía sentir que estaba recostada en la cama del hospital, que lo que aferraban mis manos desesperadamente eran las sabanas con extraño olor y lo que molestaba sobre mi cara era una luz artificial, hubiese creído que aquello era un sueño. O simplemente habría considerado que alguien intentaba hacerme una broma de mal gusto, si hubiera un alguien dispuesto a perder el tiempo conmigo…
-La ventana, abre la ventana…-suplicaron mis labios con voz ronca y debil.
Odiaba hablar ya que aquel sonido gurutal que salía de mi garganta era tan escalofríante e inhumano que me partía el corazón. Sin embargo no pude contenerme, ya no era un deseo era una urgencia. Necesitaba aferrarme a aquella supuesta estrella, a aquel poco de humanidad que quedaba en mi interior, repirar aire fresco y que mis pulmones se renovaran.
-¿Prometes no arrojarte? Si lo prometes cumpliré tu deseo… Si rompes la promesa no regresaré y si no lo hago no tendrás más oportunidad de cumplir tus deseos…
Odiaba las promesas, eran en vano, podía prometerle que no lo haría y hacerlo igual. Pero no tenía pensado arrojarme, así que podía hacerlo fácilemente sin necesidad de romper la promesa luego. Mi cabeza se elevó con cierta firmeza y luego descendió. Este acto se repitió unas seguidas veces hasta que una mano sobre mi asqueroso cabello impidió que continuara asintiendo. Al parecer mi promesa había quedado clara. La mano, de un tamaño grande y tranqulizador, se deslizó por la grazosa maraña de pelo y luego se alejó. Quise creer que aquella caricia era proporcionada por Melito…
-Nos volveremos a encontrar, Mirella…
El susurró mezclado con el viento, que ingresaba por la ventana y se deslizaba sobre mi cuerpo, provocó que, mi mente, quedara en blanco. Por un asombroso instante no pensé en mi pasado, mi presente o mi futuro, no pensé en desgracias ni tristezas. Se me antojó considerar que aquel nombre, el que me habían puesto al nacer, había sonado bonito al ser pronunciado por la extraña voz, la dichos estrella. Aquella noche fue la primera vez que consideré que mi nombre, el de nadie mas, era bonito… Creyendo aquello terminé dormida, siendo arropada por los brazos del viento, otro ser al cual parecía importarle un poco mi existencia. 
Jessica C. Black
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Que vida la mia - Reik (Modificada por Me)

 
Me despierto en la mañana, para contigo poder estar,
y disfrutarte en mi mente por el resto del dia...
Que vida, la mia...
Aun no se tus intenciones y ya eres dueño de mi,
y me paso todo el dia imaginando tu risa...
Que vida, la mia...
No sé que hacer, para ser el aire que va a tu alrededor,
y acaricia tu piel...

Solo quiero conversar, solo quiero conocerte,
dame un poco de tu tiempo para convencerte,
Yo solo quiero ser tu amigo, y me muero por salir contigo,
dame una señal, solo dame una mirada,
si estas a mi lado, a mi no me importa nada,
ya quiero estar entre tus brazos, y me muero por
probar tus labios, rojos, llenos de ti...
Solo dime que si...
Me desvelo en las noches para pensar en ti,
y si duermo solo sueño con tener tus caricias,
Que vida, la mia...
Tengo todo este amor y solo es para ti,
y yo solo me conformo con mirarte otro dia,
Que vida, la mia...
No se que hacer para ser el aire que va a tu alrededor,
y acaricia tu piel...

Solo quiero conversar, solo quiero conocerte,
dame un poco de tu tiempo para convencerte,
Yo solo quiero ser tu amigo, y me muero por salir contigo,
dame una señal, solo dame una mirada,
si estas a mi lado, a mi no me importa nada,
ya quiero estar entre tus brazos, y me muero por
probar tus labios, rojos, llenos de ti...
Solo dime que si...


 Ayy! Como adoro a esta pareja de.. amigos! Italia y Alemania! O también conocidos como Feliciano y Ludwig!
¿Quién no ha soñado con salir con uno de sus amigos? Admitanlo... 
Aquí les dejo un bonito video con varias parejas ^0^ Y una canción tan cierta...!


  



Jessica C.  Black
Del anime: Axis Power Hetalia. Recomendado!
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Queridos lectores:
(Si es que alguien siquiera me lee...)
En esta publicación me dedicaré a divagar un poco. Luego colocaré el segundo capitulo de mi gran historia del momento. Estoy enamorada de mis nuevos personajes, siempre sucede lo mismo, pero esto es más profundo. Ocurre casi igual que con mi novela: El extraño. La única diferencia es que en esa novela los personajes fueron solo dos personas de la vida. Mas bien la protagonista era una simple muchacha y el extraño un joven atrapante. En esta nueva historia, para la cual tengo principio, nudo y final, los personajes tienen vida, presente, futuro y pasado, y problemas crudos que afrontar. Son dos los que me importan, los principales. A uno ya lo conocen, es mi nueva creación, una muchacha de apariencia fragil, cuerpo debil, pero que a pesar de todo sigue con vida. Adoro a esta chica, espero poder compartir con todos ustedes esta adoración. Intentaré escribir una novela en la que todos conozcan y se encariñen con Mirella. Y mi segundo personaje, de sexo masculino, continua con esas auras misteriosas que me encanta dar.. Lo sé, lo siento, pero no puedo evitarlo,, es molesto que el personaje masculino sea extraño y no muy demostrativo... Pero igualmente Eliseo es un amor! Ups, creo que no debí mencionar el nombre... Igual no aparece hasta luego de unos capitulos mas, y va a ser dificil reconocerlo... Lo genial, para mi, es que voy a colocar palabras en italiano! Estudiar el idioma me va a servir despues de todo... Ya que Mirella es de origen italiano... No creo que les importe mucho. La pobre chica esta un poco trastornada debido a el abandono que sufrió en ese pobre hospital... Aún no se sabe si es posible que siga con vida, o si su cuerpo puede llegar a mejorar. La falta de la visión es algo que ella supo aceptar y su médico no quiere perder el tiempo en algo que no tiene arreglo a no ser que alguien gaste una fortuna en la pobre chica... Me da pena haberla hecho ciega, privarla de un sentido tan esencial. Sin embargo creo que así es más dura su situación y afrontarla la llevara a descubrirse a si misma. Porque Mirella vive preguntandose: ¿Cómo amar lo que no puedes ver? ¿Cómo disfrutar de lo que no puedes ver? Son cosas que va a aprender con el tiempo, y espero plasmarlas con la escritura de una manera que sea del agrado de todos. En verdad gracias por leer esto! A continuación no me demoro mas y coloco el capitulo segundo. La joven chica tiene sus complejos... pero igual la quiero! Sepan aceptarla, por favor.

Cap. 2:


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Mis extremidades cosquillean, todo mi cuerpo se estremece. Puedo sentir aún el rastro de sus caricias. Sé que sólo fue un sueño, no hay lugar para falsas esperanzas. Aún así mi cuerpo siente una paz incomparable. Es la fuerza del amor, aquel cariño fraternal que nunca recibí, una atracción irrefutable hacia ese ser identico a mi. Pude disfrutar del roce de su mano a pesar de ser un sueño, creo que hasta le oí susurrar palabras que nunca antes habían sido dirigidas hacia mi persona. Su dulce voz, sus melosos mimos, me obligaron a susurrar su nombre aún dormida. Aunque estaba conciente que de mis labios brotaba aquella palabra a borbotones, como si de miel se tratara: Melito…

Es dificil: diferenciar la realidad de la fantasía. Soñar con mi hermano no es banal, pero soñar con un mundo que no conozco, imaginarlo es muy distinto a presenciarlo en sueños. He oído historias, descripciones, las palabras sobran para experimentar ese mundo al cual nunca podré adaptarme. Sin embargo desperté sudando y no pude volver a dormir, luego de ese sueño en especial.

-¡Mirella!-chilló la enfermera, su espeluznante grito atravezó mis timpanos, mi cuerpo se convulsionó al oír tan espantoso nombre.

¿Tanto problema por no encontrarme descansando? Sentí el tibio calor del sol acariciar mi piel, como un amante fortuito y no pude evitar acercarme a la ventana. Obviamente caí de la camilla y con mis pocas fuerzas me arrastré hasta la silla que descansaba a un lado de la ventana. Me lastimé las manos en un vano intento de abrir aquellos cristales que me separaban del exterior. Acabé desparramada en la silla ahogando sollozos de angustia. Mi fuerza de voluntad no era suficiente con aquel debil cuerpo, ni siquiera para cumplir aquel vago deseo.

-Imposible, el aire contiene bacterias y ya has intentado tirarte-protestó la mujer sosteniendome con fuerza de un brazo.

No era la mano de mi hermano, no era suave y delicada con una mezcla de masculinidad perfecta. Grité sin darme cuenta, fue una imitación del suyo, nomas que este desgarró mi corazón. No entendía por qué mi cuerpo, sin permiso, reaccionaba de aquella manera. Los pasos del médico se oyeron en la lejanía. Tan temprano y ya tenía que arreglarselas conmigo, en verdad no sentía mucha compasión por aquel hombre al cual no le importaba…

Mi brazo fue conciente de la intrusa, aquella aguja a la cual cuerpo y alma odiabamos. Nos hacía alucinar, nos provocaba cansancio innecesario y las imágenes de mi cabeza tomaban rienda suelta para atormentarme. Aún no me acostumbraba a aquella droga que me inyectaban, no quería acostumbrarme. Ojalá me matara rapidamente, pero ni siquiera eso podía hacerme…

-Lamento lo ocurrido, creo que será mejor que venga otro día a hacer la visita…

Está vez los efectos no fueron violentos, no sufrí demasiado como de costumbre. En mi mente soñé que quien me visitaba era mi hermano y por un momento creí experimentar la felicidad. Mi cuerpo flácido se dejó vencer por el líquido que surcaba mis venas y terminé durmiendo plácidamente, recuperando las horas de sueño que había perdido antes, cuando mi mente era conciente, mi alma estaba pendiente, mi corazón sangraba por la carencia de todo y nada…

Si yo tuviera una vida, la valoraría. Si yo tuviera una vida no me inyectaría por la necesidad de sentirme viva...
Yo no tengo nada, y aún así las agujas atraviesan mi piel... No logro sentirme viva despues de todo...


Jessica C. Black
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Puede ser que inlcuso alguien como yo pueda llegar a considerar a la vida algo valioso. Un pequeño hilo de esperanza me hace creer que eso tan lejos de mi alcance es posible de obtener. Simplemente todo sería más llevadero si esa fina cuerda no se amarrara con demasiada fuerza sobre mi frágil corazón.

Desde que nací mi cuerpo demostró todos los sintomas posibles para que mi vida no pudiese tomar el camino normal. En el vientre de mi madre fui feliz, conocí el cariño de una mamá y un hermano. Mi llegada al mundo no fue muy bienvenida después de todo…

Mellizos. Podía oír claramente el grito del médico, los sollozos de mi hermano y la risa de mi madre. Parecía que la felicidad había llegado con aquel par de recien nacidos. Jamás me cansaría de oír aquellos sonidos tan familiares. Sólo con presionar el botón de reproducir podía volver en el tiempo, oír aquel mágico momento, pero no verlo…

-Melito y Mirella, los hijos de Marisol…-susurró una voz en el video.

En ese momento, en el que sonaba la voz de aquella persona,de aquel hombre, mis mejillas se humedecían y la enfermera detenía la reproducción. El único recuerdo que tenía de aquella familia era aquel viejo video que veía todos los días simplemente para llorar.

Una madre y un hermano que se olvidaron de mi con facilidad, un padre que falleció, aquellos seres que debían compartir una vida conmigo me habían abandonado. Y aún continuaba allí, respirando, sobre aquella camilla, oyendo aquellas voces en el televisor, soñando con personas sin rostros.

El médico me había prohibido estrictamente verlo, porque decía que bajaba mis defensas, me deprimía. Sin embargo aquella enfermera era mi confidente, una gran amiga, que nunca llegaría a ver. La muchacha de manos suaves y risa silenciosa era la única que no me dejaba. Entendía perfectamente que lo hacía porque era su trabajo. Mas me gustaba engañarme pensando que le interesaba…

Era inevitable, todos mis pensamientos eran deprimentes, mis defensas jamas subirían, mi cuerpo no se esforzaba por cooperar, y yo ya me había rendido. No podía matarme, me hacía falta el valor suficiente, pero podía torturarme mentalmente hasta no poder soportarlo por mas tiempo. Sin familia, sin fuerzas, sin visión, mi vida no tenía sentido…

Un alma sin retorno aparente, un cuerpo sin oportunidades, yo no había escogido aquello. Ni siquiera había elegido aquel horroroso nombre que me recordaba la ausencia de todo. Mirella, la chica que no ve, la chica sin familia, la chica sin futuro. Así debería conocerme todo el mundo. Mi corazón pide a gritos que alguien se digne a ayudarme, que alguien me rescate de esta profunda oscuridad…


Me acostumbre a odiar lo que no puedo ver... Es más sencillo odiar a la vida que sufrirla.
¿Qué es lo que esperas de alguien como yo?
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