Imagine

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Traduccion.
Le tengo miedo a la obscuridad.

La oscuridad reinaba el pasillo. La escuela se sumía en un intenso silencio. Sólo un limitado grupo de alumnos solía quedarse hasta aquellas horas de la noche. El taller instrumental se dictaba para aquellos que tenían tiempo libre al salir del colegio y que amaban la música. De entre ellos había una niña en especial, que asistía porque su madre le había obsequiado una guitarra. Aún así, por más que tratara y tratara, nunca lograba dominar las cuerdas con sus dedos.


En ese entonces trataba y trataba, y aunque fallara, seguía intentándolo hasta que las manos le dolieran. Apenas conseguía que le saliera un acorde sin desafinar al bello instrumento. Pero lo que mas adoraba era practicar fuera del salón de música. Se situaba en el suelo, de espaldas a la pared, y observaba el extenso pasillo del subsuelo ceñirse a lo lejos, en la negrura absoluta. Solía acariciar las esbeltas curvas de su guitarra mientras tocaba música en su mente, aislada del grupo, del mundo.

Sin embargo esa noche en particular el fondo del pasillo no era infinito. Al fondo del mismo se vislumbraba una pequeña luz carmesí. Un perfecto cuadrado se delineaba bajo la tenue luz color sangre. La pequeña no podía apartar los ojos de aquel espacio dónde se situaban un par de cuerpos humanos, desprovistos de vida. Aquellas figuras no tenían piernas. Estaban situadas en el suelo, desde la cintura hacia arriba, y miraban fijamente hacia ella. Un escalofrío le recorrió la espalda.

Creía que todo era obra de su imaginación, que aquello no estaba en realidad allí. Quizá fuera una especie de espejismo. Ya que estaba un poco cansada por falta de sueño. Trató de convencerse de que no tenía porqué prestar atención a algo que era falso. Hasta que un sujeto, vestido completamente de negro, apareció de la única puerta en toda la escuela que permanecía cerrada noche y día también. Los ojos la atravesaron desde la lejanía antes de que pudiera regresar al salón y una mano la saludó acompañada de una sonrisa que decía más que mil palabras.

El miedo atenazaba con dormirle los músculos. Deseaba ponerse de pie y salir corriendo. Pero aquella figura a lo lejos la inmovilizaba. Presentía que debía quedarse, y contemplar el acto que se produciría frente a sus ojos. Simplemente observó cómo aquel hombre se situaba entre ambas figuras humanas y realizaba poses extrañas. La voz que despedía de su boca llegaba perfectamente hasta sus oídos. Su cuerpo temblaba al ver aquel acto que fácilmente se denominaría satánico.

-Oremos… Oremos… Oremos…-repetía con voz rasposa aquel sujeto.

Fue cuestión de minutos para que sujetara uno de aquellos cuerpos entre sus manos y lo elevara en el aire. La niña no supo exactamente lo que estaba sucediendo hasta que sus piernas se movieron sin su consentimiento y corrió hacia el interior del salón de música. Un momento luego se sintió lo bastante segura como para contestar las miradas interrogatorias que le dirigían los presentes.

-Un extraño grita cosas en el fondo del pasillo-explicó sin saber qué otra cosa decir.

Se había dejado la guitarra afuera, así que un par de compañeros la acompañaron a buscarla. Todos pudieron ver lo que sus ojos veían, y le confirmaron que no estaba loca. Entonces comenzaron a sacarse conclusiones sobre lo que veían, una mas descabellada que la otra. Su profesora se limitó a decir que debía ser un conserje haciéndoles una jugarreta con maniquíes. Sin embargo todos estaban lo bastante asustados como para dudar de las palabras de la mujer.

Cuando la oscuridad volvió a reinar todos volvieron a sus prácticas. Sin embargo un grupito optó por ir al baño. La niña quiso acompañarlos, pero la obligaron a permanecer en el salón. En un momento comenzó a asustarse porque no regresaban y decidió que iría a ver qué ocurría. Fue ahí cuando oyó ruidos extraños a lo lejos. Se paralizó de inmediato y observó en dirección al fondo del pasillo. Una figura, de sexo indefinido, intentaba forzar una puerta. Si no se equivocaba, estaban intentando entrar en la biblioteca. Y ella no sabía qué hacer mientras veía aquel cuerpo intentar abrir violentamente una puerta.

De repente la figura se detuvo. El silencio reinó por un pequeño instante mientras volteaba para fijar su vista en la pequeña. El miedo aguijoneó el cuerpo de la chica y le advirtió que debía huir. Fue un presentimiento extraño, pareció que alguien susurraba que huyera antes de que la persona que la miraba le diera alcance. Y no se lo pensó dos veces, sus pasos apresurados se oyeron por toda la escuela. Corrió escaleras arriba, subiendo los escalones de par en par y llegó al hall de entrada con la respiración agitada, temiendo que aquello que la perseguía la atrapara.

La luz la recibió con los brazos abiertos. Una portera paseaba por el sitio cuando la vio llegar corriendo. Le ordenó que caminara y la dejó tranquila. La niña volteó asustada y no vio a nadie detrás de ella. Se adentró en el baño y se encontró con sus compañeras. Todo parecía estar en orden…

Así fue como descubrí que por alguna razón vamos al colegio de mañana o tarde. Que es preferible que los niños concurramos de día, cuando todavía hay luz que nos mantenga seguros y a salvo. Pues nadie sabe lo que se puede encontrar en lo oscuro de un colegio. Nunca nadie supo lo que vi de pequeña aquella noche. Y así los misterios siguen siendo solo eso, misterios…

Jessica C. Black
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Il buio regnaba nel corridoio. La scuola si immergeva in un intenso silenzio. Solo un ristretto gruppo di alunni soleva restare fino a quell’ora di sera. Il laboratorio istrumentale si dettava per quelli che avevano tempo libero dopo scuola e che amavano la musica. Tra di loro c’era una bambina in particolare, che frequentava il corso perchè sua madre le aveva regalato una chitarra. Tuttavia, e per quanto tentasse, non poteva mai dominare le corde con le sue dita.

Allora tentava e tentava, e anche se falisse, continuava a provare fino a che le mani le dolessero. Quasi non riusciva fare un accordo senza fare stonare l’istrumento. Ma quello che adoraba di più era esercitarsi fuori dall’aula di musica. Si sedeva per terra, con la schiena sulla parete, e osservava l’estenso corridoio del sottosuolo restringersi nella lontananza, nel buio assoluto. Soleva accarezzare le svelte curve della sua chitarra mentre tocava musica nella sua mente, isolata dal gruppo, dal mondo.

Ma quella sera in particolare il fondo del corridoio non era infinito. Al fondo di questo si intravvedeva una piccola luce cremesí. Un perfetto quadrato si delineava sotto la pallida luce colore di sangue. La piccola non poteva separare le occhi da quello spazio dove si situavano alcuni corpi umani, sprovisti di vita. Quelle figure non avevano le gambe. Erano sul pavimaneto, dalla vita in su, e guardavano fisso verso di lei. Un brivido le percorse la schiena.

Credeva che tutto fosse opera della sua immaginazione, che quello non fosse in realtà li. Forse era una sorta de miraggio, giacchè era un po’ stanca per mancanza di sogno. Tentò di convincersi che non doveva fare attenzione a quelcosa che era falso. Fino a che un soggetto, nerovestito, apparve dal’unica porta di tutta la scuola che restava chiusa giorno e notte. Gli occhi la attraversarono dalla lontanza prima che potesse tornare in aula e una mano la salutò accompagnata da un sorriso che diceva più di mile parole.

La paura minaciava con dormirle i muscoli. Voleva mettersi in piedi e uscire di corsa. Ma quella figura nella lontanza la immobilizzava. Presentiva che doveva restare e contemplare l’atto che si sarebbe svolto di fronte ai suoi occhi. Semplicemente osservò come quell’uomo si collocaba tra entrambi le figure umane e realizzava delle pose strane. La voce che emanava della sua boca arrivava perfettamente alle sue orecchie. Il suo corpo tremava nel vedere aquell’atto che facilmente si nominerebbe satanico.

-Preghiamo... Preghiamo... Preghiamo...-ripeteva con voce ruvida quel soggeto.

Bastarono alcuni minuti perchè prendesse uno di quei corpi e lo elevasse per aria. La bambina non seppe essattamente ciò che estava succedendo fino a che le sue gambe si mossero senza il suo permesso e corse verso l’interno dell’aula di musica. Un attimo dopo si sentì abbastanza sicura per rispondere agli sguardi interroganti dei presenti.

-Un estraneo grida cose in fondo al corridoio...-spiegò senza sapere cos’altro dire.

Aveva lasciato la chitarra fuori, per cui alcuni compagni la accompagnarono a riprenderla. Tutti poterono vedere ciò che i suoi occhi vedevano e le confirmarono che non era pazza. Allora cominciarono a fare delle ipotesì su quello che vedevano, una più assurda dell’altra. La professoressa si limitò a dire che doveva essere un portiere giocando a un tiro mancino con i manichini. Tuttavia tutti erano abbastanza impauriti per dubitare delle parole della donna.

Quando il buio regnò nuovamente tutti tornarono ai sui affari, ma un piccolo gruppo decise di andare in bagno. La bambina volle accompagnarli, ma la obbliagarono a restare in aula. In un dato momento cominciò a spaventarsi perchè non tornavano e decise che sarebbe andata a vedere cosa succedeva. Fu in quel momento che sentì dei rumori strani lontano. Si paralizzò immediatamente e osservò verso il fondo del corridoio. Una figura, di sesso indefinito, tentaba di forzare una porta. Se non sbagliava stavano tentando di entrare nella biblioteca. E lei non sapeva cosa fare mentre vedeva quel corpo tentare di aprire violentamente una porta.

All’improvviso la figura si fermò. Il silenzio regnò per un attimo mentre si voltava per fissare la vista sulla bambina. La paura pungolò il corpo della ragazza e le avvertì che doveva fuggire prima che la persona che la guardava la raggiungesse. E non lo pensò due volte, i suoi passi premurosi si udirono per tutta la scuola. Corse su per le scale, salendo gli scalini in due e arrivò all’ingresso con la respirazione agitata, temendo che quello que la perseguitava la acchiapasse.

La luce la ricevete con le braccia aperte. Una portiera passeggiava da quelle parti quando la vide arrivare di corsa. Le ordinò che camminasse e la lasciò tranquilla. La bambina si voltò temerosa e non vide nessuno dietro di lei. Andò in bagno e trovò le sue compagne. Tutto sembrava di essere in ordine...

Fu così che scoprii che per cualche motivo andiamo a scuola al mattino o al pomeriggio. Che è meglio che i bambini ci andiamo durante il giorno, quando c’è ancora luce che ci mantiene sicuri e salvi. Perchè nessuno sà cosa si può trovare nel buio di una scuola. Nessuno mai seppe ciò che vidi da piccola quella sera. E così i misteri continuano ad essere solo quello, misteri...

Jessica C. Black. 4ta classe
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Ciertamente lo prohibido sabe mejor, así dicen muchos. Yo aún no lo experimenté (?) Pero no por eso significa que no pueda escribir sobre placeres prohibidos. Hace poco mas de un año que descubrí una cierta fascinación hacia las relaciones de homosexuales, gracias al anime (yaoi). Y he aquí mi primer escrito sobre una pareja de hombres, que secretamente son dos personajes de Harry Potter, para ser más especifica: Blaise Zabini y Draco Malfoy. Espero que les agrade, y sino lo lamento... Muchas gracias por lee!

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Encuentro:


El vidrio se estaba humedeciendo. No era lo único húmedo en aquel sitio. Era imposible contener su agitada respiración. El cálido aliento empañaba el vidrio a pesar de que afuera helaba. La temperatura experimentada por ambos era altísima. Rebeldes mechones de su cabello le cubrían el rostro. Sus mejillas ruborizadas eran algo de lo que se avergonzaba. El reflejo que le devolvía el cristal era completamente deshonroso. Jamás se había encontrado en una situación tan extraña. Sentía que todo su cuerpo se derretiría y no era precisamente por el bochorno que estaba pasando.

Todo había comenzado como un inadvertido encuentro. Habían comenzado a charlar bien, a pesar de su mal humor al tenerlo cerca. Desde hacía meses que no podían estar juntos en una misma habitación sin saber bien el motivo.


El vidrio se estaba humedeciendo. No era lo único húmedo en aquel sitio. Era imposible contener su agitada respiración. El cálido aliento empañaba el vidrio a pesar de que afuera helaba. La temperatura experimentada por ambos era altísima. Rebeldes mechones de su cabello le cubrían el rostro. Sus mejillas ruborizadas eran algo de lo que se avergonzaba. El reflejo que le devolvía el cristal era completamente deshonroso. Jamás se había encontrado en una situación tan extraña. Sentía que todo su cuerpo se derretiría y no era precisamente por el bochorno que estaba pasando.

Todo había comenzado como un inadvertido encuentro. Habían comenzado a charlar bien, a pesar de su mal humor al tenerlo cerca. Desde hacía meses que no podían estar juntos en una misma habitación sin saber bien el motivo. Luego de dirigirse unas cuantas palabras sucedió lo inevitable: comenzaron a discutir, como siempre hacían. Aunque de las palabras afiladas comenzaron a utilizar sus manos. En aquel inhóspito pasillo nadie los detendría, no tenían limites. El moreno se abalanzó sobre su persona y no pudo evitar detenerlo, lo dejó llegar hasta el punto en el que se encontraba en aquel momento. A pesar de que no comprendía para nada la situación era un experto dejándose llevar. 

Había perdido toda su ropa en el enfrentamiento con manos, algunos puños siendo más precisos. No se había dado cuenta de la situación en la que se estaba metiendo hasta que los movimientos bruscos y los golpes cesaron para convertirse en leves caricias. Intentó resistirse pero él estaba demostrando ser más fuerte. Se sentía desfallecer con el roce de las masculinas manos sobre su pálida piel desnuda. No deseaba admitir que estaba disfrutando de aquellos besos y mordiscos llenos de pasión.

Simplemente se negaba a creer que lo que estaba viviendo era cierto. Se sostenía con todas sus fuerzas del ventanal tratando de que sus piernas no le fallasen. Lo tenía a sus espaldas, con su asquerosa pero a la vez sensual lengua recorriendo todo su cuerpo. Parecía que quería que fuera él fuera totalmente suyo. Estaba dejando pequeñas marcas en los lugares más insólitos de su cuerpo y lo repugnante era que ambos lo disfrutaban. Los gemidos que escapaban de su boca lo hacían sentir enfermo pero a la vez liberaban el fuego que ocultaba en su interior. 

Aquel encuentro que había sido eso, sólo un entrecruzamiento de dos personas, se había convertido en un sucio pero deleitoso acto sexual. Algo que ninguno pensaba detener hasta que degustasen del placer más enloquecedor que jamás habían tenido en su corta vida. Lo que estaban por vivir no se comparaba con ningún otro suceso. 
Sintió su lengua saborear su miembro y creyó que explotaría. Jamás había sentido aquello al estar con otra persona. El cuerpo que estaba por poseer el suyo estaba hecho para provocarle miles de sentimientos jamás experimentados con nadie. Él, a pesar de la relación que tenían, era la persona con la que deseaba compartir su cama por el resto de la vida. 

Pero sabían que aquello no duraría más de una noche. Cuando dejó de hurgar en su interior con sus húmedos dedos pudo disfrutar de la maravillosa sensación de su miembro al ingresar dentro de su cuerpo. Una vez estuvo dentro suyo no pudo evitar soltar un gemido de gran goce, que resonó por el pasillo desierto. El sonido fue callado por su encantadora boca que además de saber muchos insultos sabía besar cómo nadie más.

Los movimientos suaves y dulces fueron sustituidos por unos mas acelerados que revelaban cuanto se necesitaban el uno al otro. Pequeños sonidos escapaban de sus bocas cuando no estaban unidas, besándose. Las caricias se habían vuelto más solicitadas al igual que los besos. Inconscientemente se habían dado cuenta de que aquello no se volvería a repetir y debían disfrutarlo al máximo. Ambos habían entrado en un frenesí total. Deseaban sentirse unidos, estaban unidos, experimentaban uno de los lazos más profundos y prohibidos. 

Cuando de pronto todo se volvió mucho más apresurado aún. Ambos estaban por cumplir lo que en un principio jamás se habían imaginado. No podían esperar más. El ambiente se había vuelto más cálido, la temperatura había aumentado tanto que ambos sudaban. Sus perfectos cuerpos se exigían a cada momento más y más. Si continuaban así no podrían seguir conteniéndose ninguno de los dos. Formaban una esplendida obra de arte digna de ser contemplada, no eran sólo dos muchachos teniendo una noche de sexo, eran más que eso. 

-Juntos…

La suplica conmocionó al muchacho quien tomó al otro por la barbilla para acercarlo a su rostro. Se fundieron en un beso tan profundo que sus lenguas se amaban como lo estaban haciendo ellos mismo. Ambos lograron llegar al máximo placer juntos como había sido acordado. El mejor y más perfecto éxtasis había sido deleitado por la pareja de amigos. Los movimientos comenzaron a hacerse más pausados mientras que uno se dejaba caer en los brazos del otro. A pesar de que no se aceptaban entre sí lo habían disfrutado demasiado. Como para que en algún futuro pudiera volver a repetirse...

-Gracias…

Sintió como los besos del moreno llenaban su rostro, su cabello y lentamente bajaban por su cuerpo. Él aún deseaba más y no pensaba resistirse. Se dejó manipular por las magnificas manos. Su rubor no lo había abandonado y odiaba tener el cabello tan corto como para no poder ocultar su rostro en él. Pero agradecía ser la clase de chicos que le atraían al moreno. Ya que si no hubiese sido rubio, pálido y de ojos color mercurio jamás hubiese disfrutado de hacer aquello.

-No hay de que. Te ves hermoso…

Con aquella frase, desprendida de su sensual boca, con una gutural y excitada voz, comenzó nuevamente a recorrer su cuerpo con su lengua. El moreno pensaba disfrutar un rato más del bello cuerpo de su amigo. Aquello era mucho mejor que sus sueños más húmedos en los que cierto rubio aparecía constantemente…    

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Saludos a todos aquellos que me lean!
   Luego de una larga ausencia, no tan larga como anteriores, estoy aquí de vuelta. Esta vez con una remodelacion. Si, como me leen, y pueden ya ver, he hecho unos grandes cambios. Mi blog actualmente está más centrado en un estilo light donde colocar varios escritos o cosas por el estilo. 
   Aún así permanecen debajo de todos algunas cosillas que me gustaron demasiado, pueden seguirme, y todo lo encontraran descendiendo al pie de la página. También quiero aclararles que la imagen nueva es de Japón, algo realmente necesario de hacerles notar, ya que no es cualquier sitio...
   También les comento que las entradas anteriores se quedan, pero a partir de ahora comienza una nueva etapa! Cualquier queja se la mandan por correo al horóscopo de una revista... Y si tienen sugerencias no duden en compartirlas conmigo!
   Comenzamos este nuevo inicio con un mónologo que leí hace poco para realizar un trabajo práctico en la escuela. Y que me impactó tanto, me encantó, me fascinó, me dejó pensativa y maravillada. Lo más fantástico es el hecho de que ha sido escrito mas o menos rondando el año 1635, y aún así puede causar dudas en tantos siglos seguidos. Una idea que es cuestionada hasta hoy en día, realmente fantástico. Lo siguiente lo dice el personaje Segismundo:


Es verdad; pues reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición
por si alguna vez soñamos.
Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que el hombre que vive sueña
lo que es hasta despertar.
Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

¿Acaso no es eso cierto? Quisiera comprender mis sueños, saber lo que soy, pero es tan complicado como intentar comprender a los famoso matemáticos que nos complicaron la existencia con sus despiadadas teorías y formulas... ¿Qué es la vida? Sino que otra cosa más que existencia de un soñador. Aspiro a  poder aprender de un maestro sueño, y llegar a saber aprovechar mejor las cosas... Tal como la dice la reflexión final del protagonista Segismundo. Que podrán leer a continuación:

¿Qué os admira? ¿Qué os espanta, 
si fue mi maestro un sueño, 
y estoy temiendo en mis ansias
que he de despertar y hallarme
otra vez en mi cerrada
prisión? Y cuando no sea, 
el soñarlo sólo basta; 
pues así llegué a saber
que toda la dicha humana, 
en fin, pasa como sueño. 
Y quiero hoy aprovecharla 
el tiempo que me durare, 
pidiendo de nuestras faltas
perdón, pues de pechos nobles
es tan propio el perdonarlas.

Se despide atentamente:
Jessica C. Black
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A continuación una historia que escribi, estando aburrida. Está inspirada en una mezcla de lo que serían mis días normales, una ficcion de mis días normales y los días que tendría en unos años futuros... ^^
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El día comenzó realmente bonito. A través de la ventana se filtraba un cálido rayo de sol. Bajo las dos frazadas y las sabanas, que me mantuvieron calentita durante toda la noche, sonreí. Aún con los ojos cerrados y mucha modorra extraje una pierna fuera de la cálida protección de la cama. Un intenso dolor se instaló en mi rodilla y me quejé en el silencio del departamento, soltando improperios hacia todos lados.  
-¡Duele!-chillaba mientras rodaba en la cama, desarmándola por completo.
Después de todo el jaleo logré superar el dolor y entrar en calor al mismo tiempo. Con una pollera y una camiseta con mangas cortas me dirigí a almorzar. Estuve a punto de quemar toda la cocina, junto al departamento entero, como siempre. Y aún cabía la posibilidad de acabar intoxicada por mis tan extraños métodos culinarios.
Cuando salí a la calle un pequeño sopló de viento me recorrió causando un escalofrío y me rodeé con los brazos temblando. El sol provocaba que el ambiente estuviera tibio a pesar del engañoso viento. Sin embargo el indiferente comentario de un transeúnte terminó de convencerme de que no era buena idea partir así vestida. Con sólo oír: “Hace frío”, corrí a mi cuarto a colocarme más ropa.
Volví a salir a la calle con varias ropas como para caminar bajo la nieve y sonreí. Parecía que no habría más complicaciones en el día. Llevaba puestas más de cinco remeras de distintos grosores, tres camperas, dos pantalones, con tres medias y unas resistentes botas. Y no podía faltar mi bonito gorro. Mas un pequeño niño que caminaba tomado de la mano de su madre comenzó a señalarme insistentemente.
-¡Mami, Mami! ¿Qué es eso?-preguntó curioso, mirándome como si fuera parte de la exhibición de un museo.
Así que despotricando hacia todos los niños del mundo volví a entrar en mi departamento con la definitiva decisión de no salir por ese día. Busqué el helado de chocolate que guardaba en el refrigerador para aquellos momentos tan especiales en que uno se deprimía con tanta facilidad y me arrojé en el sofá a ver televisión.
Luego de buscar cosas interesantes en una caja mágica donde estaba segura de que no las había, de bajarme todo el helado y de dormir por un par de horas, llegó la hora de encargar comida. La cena consistía en buscar un buen delivery en el receptáculo que había en la cocina y encargar cualquier comida que realmente apeteciera.
La pizza llegó y con ella el atractivo repartidor. Me dediqué a dejar una pequeña propina y comerme con los ojos al muchacho antes de volver al departamento y cenar unos cuantos trozos de pizza con muchísima mozzarella, gran cantidad de aceitunas, jamón, bastante salsa de tomate y apenas una pizca de orégano. El resto, que no tenía el privilegio de llenar mi estómago, quedaba en la heladera aguardando al momento en que el hambre volviera al ataque y no hubiera otra cosa comestible que no fueran esas viejas y húmedas porciones de pizza.
Al día siguiente tocaba trabajo. Debía realizar algunas cosas pero el cansancio estaba primero. Y luego de no hacer nada más que vagar requería unas largas horas de sueño. Es decir, que arrastrando los pies, me dirigí a la cama y me arrojé sin siquiera armarla. Me envolví como un capullo con el lío de frazadas y sabanas y cerrando los ojos me quedé absolutamente dormida. Esperando que el día siguiente fuese diferente…
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Capítulo 4.

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Apenas subió las escaleras comenzó a sentirse mal. Caminó hasta su cuarto pero se encontró con una de sus tías durmiendo allí. Así que se dirigió a la única habitación vacía, la de sus padres. Se arrojó a la cama y comenzó a sollozar. Le ardía el pecho, no entendía cómo podía sentirse tan mal. Aunque tenía una vaga idea al respecto. Llevó sus manos hacia su sien y comenzó con leves movimientos, tratando de calmarse. Pero se sentía estar en medio de un incendio, el fuego calcinaba sus pulmones, su corazón.
Lo odiaba. De sólo pensar en él su cuerpo se contraía de asco. Le había considerado un niño bueno, un pequeño que necesitaba una amiga, le había prometido ayudarle. Pero él al indicarle el anden la dejó marchar sola. Pudo presenciar como un hombre alto y terrorífico lo tomaba de un brazo y le golpeaba el rostro con extremada fuerza. No podía hacer nada al respecto, ya comprendía por qué estaba huyendo. Atravesó la columna como le había indicado y después de eso jamás volvieron a dirigirse ninguna bonita palabra. Su corazón de niña se rompió en pedacitos cuando la trató tan mal en el colegio. Por suerte supo acostumbrarse con el pasar de los años. Pero había noches en que los ataques eran tremendos. Sentía asfixia al pensar en él…
-Recuerda la promesa…-susurró antes de unir sus labios en un roce tierno e infantil.
Fue entonces cuando aquel rubio despreciable apareció golpeando al pequeño y ella tuvo que irse, temiendo ser victima de aquel maltrato. Apareció en el anden 9 ¾. Las familias despedían alegremente a sus hijos que se subían alegres al tren. Ella era la única sola… Anduvo dando vueltas hasta encontrar a un morocho que se alejaba de su abuela buscando algo, preocupado. Ese fue su primer amigo: Neville Longbottom.
Al rubio lo volvió a ver, pero nunca más fue el mismo que había conocido en un principio. Parecía que aquel que le dirigía los insultos y las miradas llenas de desprecio fuera otro  con igual apariencia. Intentó olvidarle, pero tarde o temprano sus ofensas la afectaban. Con el pasar de los años dio por sentado que el muchacho no tenía remedio, jamás volvería a ser el mismo. Pero ahora tenía que venir y comportarse así, recordarle aquel furtivo encuentro. Como le odiaba…
Un sonoro gemido salió de su garganta justo antes de que golpearan la puerta. Estaba sufriendo, lastimosamente podían oírla desde el otro lado. Sin embargo aguardaron a que ella abriera la puerta, nadie entró. Podía estar muriéndose y esperarían a que ella fuera a abrir…
-¿¡Qué sucede?!-chilló abriendo la puerta molesta, sin molestarse en secarse las lagrimas o arreglarse el cabello.
-Lo mismo pregunto, Granger.
Se apresuró a limpiarse el rostro y acomodarse para no pasar más vergüenza de la necesaria y lo fulminó con la mirada. ¿Qué le importaba a él? Ni siquiera entendía por qué estaba allí cuando debía estar desayunando. Le miró detenidamente, en aquel atuendo tan gracioso y sus ojos se detuvieron en sus labios. Instintivamente llevó su mano hacia los suyos, recordando…
-Muérdago…
Se limitó a mirarle sin entender. El muchacho sonrió, sus labios se curvaron levemente hacia arriba y dejó ver una perfecta hilera de dientes. Estaba embobada viendo esos finos bordes elevarse sutilmente, logrando una inusual perfección. Cuando su lánguido dedo índice señaló hacía arriba. Sus ojos siguieron la dirección que estebe indicaba y sintió una corriente de aire frío estrellar contra su cuerpo. ¿Quién había abierto la ventana? ¡¿Quién rayos colocaba un muérdago en el marco de la puerta cuando las fiestas se pasaban en familia?!
Maldijo cien veces a sus padres por ser tan melosos y a su tía por privarla de su habitación antes de volver a enfrentar a Malfoy con la mirada. Aquella extraña sonrisa se le antojaba muy burlona en aquel preciso momento…
-No pienso besarte.
Su carcajada fue sutil pero enfureció a la castaña. Él era el único que se divertía allí, ya que simplemente todo era un juego. Pero ella se tomaba las cosas en serio y no le causaba ninguna gracia la situación.     
-Recuerda la promesa…
Hermione cerró sus ojos tontamente. Estaba cayendo nuevamente en la red que él tejía. Aunque no le molestaba mucho, simplemente quería volver al pasado. Las palabras que le había dicho antes de besarle, eran las mismas que en aquel momento. Inevitablemente, Al parecer, el rubio sabía cómo dominarla.
El ruido de una puerta al abrirse sobresaltó a la pareja cuando faltaban centímetros para unir sus bocas. Entonces la chica sintió como unas manos grandes la tomaban de la cintura y le llevaban dentro de la habitación. A pesar del asco que le tenía su piel se erizo cuando uno de sus dedos se coló por debajo de su camiseta. Quiso reprimir tal reacción pero le fue imposible. Apartó sus manos de un manotazo cuando le fue posible.
Sosteniéndola de las caderas la guió hasta la cama y se arrojaron en ella. Hubiese sido una situación un tanto incómoda de no ser por la risa contagiosa del muchacho. Era la primera vez que le oía reír tan abiertamente. Las risotadas de los Slytherin eran burlonas e insoportables. Pero aquella carcajada era sincera y divertida, melodiosa. Ambos terminaron riendo sin saber muy bien de qué.
-¿Quieres que te bese?-consultó el rubio cuando la risa se detuvo. Se recostó de costado, sosteniendo su cabeza con una mano y mirándole con seriedad.
-No.
-¡Qué duro! Hasta hace un rato no parecía que no quisieras…
-Te odio.
-Tienes todo el derecho…
Le daba la espalda, no quería ver la mueca burlona en su rostro, simplemente podía imaginársela. Jamás se hubiese imaginado que al voltear se encontraría con una seriedad sepulcral en aquel pálido perfil. Últimamente todo lo que se imaginaba con respecto al rubio terminaba traicionándola. Ya no sabía qué pensar o hacer. ¿Una persona podía cambiar de la noche a la mañana? En verdad no sabía a ciencia cierta cuando habían surgido aquellos cambios…
-¿Qué quieres de mi, Malfoy? Ya me has pisoteado bastante, búscate otra alfombra… O vete con Parkinson, ella te recibirá con los brazos abiertos en su mansión…
Luego de haber hablado se mordió el labio inferior. ¿De dónde habían salido aquellos malditos celos? Parkinson no tenía comparación con ella. Pero Malfoy la tenía colgada de un brazo como una garrapata las veinticuatro horas del día. Hundió su rostro en el colchón maldiciendo sus pensamientos y deseando que una vez levantase la vista no hubiera más hurones en la cama. Sin embargo al elevar su rostro rozó la nariz perfectamente proporcional del muchacho.
-¿Celosa, Granger? Me gustaría que tú abrieras los brazos para mí…
Estuvo muy tentada a insultarle e irse. Aunque tenía ciertos comentarios con los cuales rebatir su palabras. Tuvo que tragarse todo debido a cierto carraspeo proveniente de la puerta. ¡La habían dejado abierta! Desvió su mirada hacia la entrada y sintió cómo su alma abandonaba su cuerpo lentamente. Les dedicó una sonrisa incómoda a sus padres y evitó que su espíritu se marchara lejos…
-Mami, Papi, Señora Malfoy…   
-Tenemos que hablar-sentenciaron los adultos, los jóvenes tragaron saliva.
Draco Malfoy se marchó obediente junto a su madre escaleras abajo mientras que Hermione permanecía en silencia sentada en la cama observando a sus padres de pie frente a ella. No habían estado haciendo nada malo, no se habían besado, no había más contacto que el de sus narices. ¿Desde cuando habían estado observando? ¿Cuánto habían oído? Soltó un suspiro y se dedicó a esperar el regaño que tenían preparado sus progenitores. Más problemas no podía tener, pensó apenada… 

Jessica C. Black
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Capitulo 3.
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  No fue un sueño, estaba despierta, consciente, cuando comenzó. Apenas había podido dormir, con solo abrir los ojos deseó que todo hubiese sido una pesadilla. Bajó  las escaleras y se encontró con el par de rubios durmiendo en una cómoda cama, en medio de la sala de estar. Lo primero que llamó su atención fue la cara de ángeles que poseían madre e hijo, parecían inofensivos a simple vista. Pero ella los conocía tan bien como al molesto chicle que se pega en las suelas de los zapatos. Nadie hubiese imaginado que esa enorme cama había aparecido por arte de magia...
Al entrar en la cocina ya había algunos parientes desayunando. Sus padres eran la pareja más feliz del mundo. Su primita no paraba de hablar del extraño Santa Claus que dormía en la casa. Algunos tíos estaban asombrados por lo maravilloso que era el sofá-cama y discutían sobre lo efectivo que resultaba tenerlo y cómo nunca se habían dado cuenta de que no era solo un sofá. Por supuesto, pensó la castaña, a la noche había terminado convirtiéndose en cama, antes era un simple sofá. Solo Hermione estaba con un humor peor que el de un duende de Gringotts. Ya que al parecer era la única consciente de que resguardaban bajo techo a un par muy peligroso.
Nuevamente volvía a jugar son su comida. Si aquello continuaba así y los nervios no se marchaban, acabaría desintegrándose por la falta de alimento. No era ni la primera ni la segunda vez que perdía el apetito. Todo comenzó cuando lo conoció a él. Había pasado noches sin alimentarse por su culpa. Con el tiempo lo había superado, pero le volvía a ocurrir.
¿Cómo iba a probar bocado alguno con aquella vista? Tenía entendido que medía un metro ochenta, pero no pensaba que al ser tan flaco el pijama de su padre le quedara tan gracioso. Se dio cuenta de que se asemejaba a las escobas que vestía con prendas de su madre cuando era pequeña y no tenía amigas con quien jugar. En su rostro se dibujó una mueca divertida cuando lo vio aparecer, pero contuvo la risa. Estaba soñoliento y tenía los ojos rojos. Aquel extraño brillo no significaba otra cosa más que llanto. ¿Por qué se hacia el vulnerable?
Sus miradas se encontraron y Hermione se estremeció. No hacía falta que la mirara apenas entraba en la cocina, había distintas opciones mejores que llamaban la atención, ella era una mancha en la pared. Pero no, era en la primera que se fijaba. Con aquel simple contacto visual comenzó a recordar. Las palabras intercambiadas bajo la nieve cobraron sentido, revivieron del lugar más recóndito de su mente, para atormentarla.  
Estaba parada de pie, en medio de tanta gente, perdida. Decía, en la carta, exactamente anden 9 ¾. Pero no encontraba el sitio donde se suponía que debía estar el expreso que la llevaría al colegio. No sabía qué hacer, sus padres la habían dejado esperando, ya que ella les había asegurado saber lo que hacia. Llevaba un rato observando a la gente pasar, despistada. Lo único que temía era que se le pasara la hora y perder el tren. Sin embargo, no sabía qué hacer y si continuaba así jamás lo sabría.
Entonces lo vio. Llamó su atención ya que corría desesperado con una jaula en la mano y un baúl en la otra. Estaba tan ocupado tratando de escapar de algo o alguien que golpeaba a todo el que se metiera en su camino. La pequeña Hermione prevenía que si no se hacia a un lado recibiría un gran golpe. Aunque no pudo moverse, él era su salvación, vestía raro y llevaba lo que especificaba la carta. Más tarde se arrepintió de no haberse corrido del camino del rubio.
El golpe fue seco, provocó que cayera al suelo de espaldas. Por suerte llegó a colocar las manos para frenar la caída y no golpearse la cabeza. Igualmente se lamentó lo torpe que había sido al derrumbarse. Observó desde el suelo como el niño extendía una mano pálida, ofreciéndole su ayuda y la aceptó. Se puso de pie, gracias al impulso del chico, y le sonrió nerviosa. Sus miradas se encontraron y notó las lágrimas en sus mejillas, el brillo rojo...
No tuvo tiempo para preguntar. Aún sosteniendo su mano el rubio comenzó a correr con ella. No entendía cómo había acabado en aquella persecución sin sentido, solo esperaba llegar a tomar el tren a tiempo. Lo que mas le preocupaba era aquel chico que la guiaba. Parecía un pequeño angelito y quería limpiarle las lágrimas y decirle que ella podía ser su amiga, no tenia porque sentirse mal. Algo raro se instaló en su interior mientras corrían juntos.
Se detuvieron bajo la sombra de una columna, donde nadie podía verlos. Sus respiraciones estaban agitadas, sus cabellos despeinados y tenían algunos golpes por haber chocado con personas en el camino. Lo único que le interesaba a la castaña era saber por qué el rubio huía y lloraba. Se acercó a él y le quitó una lágrima que adornaba su rostro. Los ojos color metal derretido la miraron asombrados.
-¿Por qué estás así?
-Estoy bien. ¿Cuándo lo necesite me ayudarás?
Le pareció una contestación rara, estaba visible que el niño no estaba bien en absoluto. Se mordió el labio inferior, insegura. No se imaginaba lo que sufriría él, lo que sería necesitar ayuda en sus situaciones. Temía por lo que tenía que pasar. Estaba enterada de que había padres que trataban mal a sus hijos. Pero el rubio estaba en perfectas condiciones físicas, no sabía qué pensar, qué responder. Se limitó a asentir con la cabeza. Podían llegar a ser amigos en el colegio, parecían tener la misma edad, quizá hasta estudiasen juntos...
-¿Lo prometes?
-¿Qué?
-¿Prometes que me ayudaras cuando te lo pida? A pesar de lo que te exija… A pesar de lo que ocurra entre nosotros… ¿Me ayudaras? Promételo… Por favor…
Una lágrima traicionera escapó de sus ojos. Se apresuró a limpiarla y desviar la mirada. No quería sentirse mal en navidad. Estuvo tentada a gritarse que no prometiera nada, que no aceptara, que volviera a buscar por sus propios medios el anden y le dejara solo. Pero no podía cambiar el pasado, no podía hacer nada al respecto. Todo había pasado delante de sus ojos, como si lo viviera desde una tercera persona. Recordaba que Harry había descrito así a lo que sentía cuando visitaba recuerdos. Pero jamás había utilizado un pensadero. Aquello había sido raro. Ahora que analizaba la situación: él había sabido lo que sucedería, él la conocía, sabía qué era y a pesar de todo le pidió que le prometiera tal cosa, sabiendo que después la trataría peor que a un elfo. Ella era la única tonta allí…
-¡Hermione!-su madre le llamó la atención cuando se puso de pie de repente.
Le repugnaba estar en la misma mesa que Draco Malfoy, después de todo lo que había soportado de él. Salió ignorando las exclamaciones de su madre y fue a encerrarse a su cuarto. Por supuesto que cumpliría la tonta e infantil promesa que había hecho. Pero aquello no implicaba fingir ser agradable con él. Pasaría la navidad en su cuarto. Prefería un Crucio antes que ser amable con el rubio y permanecer en la misma habitación. Sentía un doloroso nudo en el pecho, por su culpa, no podía respirar… ¿Qué le pasaba a su cuerpo?   

Para BellaBlack
Jessica C. Black
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Capitulo 3. 
Sentí un potente resplandor. La cabeza me martilleaba por la falta de calmantes y sentía la garganta seca y raposa. Una molesta picazón se instaló debajo de mis parpados. Los refregué con la poca fuerza que tenía y presté sumisa atención a lo que me rodeaba. Estaba despierta o quizá seguía soñando, pero estaba segura de que algo rondaba cerca de mí.
-Soy la estrella que te guiará a partir de ahora..-ronroneó una voz varonil, demasiado cerca de mi oído.
Mi cuerpo sufrió una pequeña punzada del susto, se elevó un poco en el aire y luego reaccionó. Extendí mis brazos en el aire e intenté percibir a la persona que intentaba burlarse de mi, pero solo atravesé el aire con mis manos, el espacio vacío que siempre me acompañaba. Estaba segura de que había un hombre por allí, lo hubiese agarrado con mis manos de no tener reacción tardía. Seguiría intentando encontrar algo en aquel inhospito aire de no ser porque nuevamente me sorprendió la luz brillante.
-Pide un deseo.
De no ser porque podía sentir que estaba recostada en la cama del hospital, que lo que aferraban mis manos desesperadamente eran las sabanas con extraño olor y lo que molestaba sobre mi cara era una luz artificial, hubiese creído que aquello era un sueño. O simplemente habría considerado que alguien intentaba hacerme una broma de mal gusto, si hubiera un alguien dispuesto a perder el tiempo conmigo…
-La ventana, abre la ventana…-suplicaron mis labios con voz ronca y debil.
Odiaba hablar ya que aquel sonido gurutal que salía de mi garganta era tan escalofríante e inhumano que me partía el corazón. Sin embargo no pude contenerme, ya no era un deseo era una urgencia. Necesitaba aferrarme a aquella supuesta estrella, a aquel poco de humanidad que quedaba en mi interior, repirar aire fresco y que mis pulmones se renovaran.
-¿Prometes no arrojarte? Si lo prometes cumpliré tu deseo… Si rompes la promesa no regresaré y si no lo hago no tendrás más oportunidad de cumplir tus deseos…
Odiaba las promesas, eran en vano, podía prometerle que no lo haría y hacerlo igual. Pero no tenía pensado arrojarme, así que podía hacerlo fácilemente sin necesidad de romper la promesa luego. Mi cabeza se elevó con cierta firmeza y luego descendió. Este acto se repitió unas seguidas veces hasta que una mano sobre mi asqueroso cabello impidió que continuara asintiendo. Al parecer mi promesa había quedado clara. La mano, de un tamaño grande y tranqulizador, se deslizó por la grazosa maraña de pelo y luego se alejó. Quise creer que aquella caricia era proporcionada por Melito…
-Nos volveremos a encontrar, Mirella…
El susurró mezclado con el viento, que ingresaba por la ventana y se deslizaba sobre mi cuerpo, provocó que, mi mente, quedara en blanco. Por un asombroso instante no pensé en mi pasado, mi presente o mi futuro, no pensé en desgracias ni tristezas. Se me antojó considerar que aquel nombre, el que me habían puesto al nacer, había sonado bonito al ser pronunciado por la extraña voz, la dichos estrella. Aquella noche fue la primera vez que consideré que mi nombre, el de nadie mas, era bonito… Creyendo aquello terminé dormida, siendo arropada por los brazos del viento, otro ser al cual parecía importarle un poco mi existencia. 
Jessica C. Black
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Que vida la mia - Reik (Modificada por Me)

 
Me despierto en la mañana, para contigo poder estar,
y disfrutarte en mi mente por el resto del dia...
Que vida, la mia...
Aun no se tus intenciones y ya eres dueño de mi,
y me paso todo el dia imaginando tu risa...
Que vida, la mia...
No sé que hacer, para ser el aire que va a tu alrededor,
y acaricia tu piel...

Solo quiero conversar, solo quiero conocerte,
dame un poco de tu tiempo para convencerte,
Yo solo quiero ser tu amigo, y me muero por salir contigo,
dame una señal, solo dame una mirada,
si estas a mi lado, a mi no me importa nada,
ya quiero estar entre tus brazos, y me muero por
probar tus labios, rojos, llenos de ti...
Solo dime que si...
Me desvelo en las noches para pensar en ti,
y si duermo solo sueño con tener tus caricias,
Que vida, la mia...
Tengo todo este amor y solo es para ti,
y yo solo me conformo con mirarte otro dia,
Que vida, la mia...
No se que hacer para ser el aire que va a tu alrededor,
y acaricia tu piel...

Solo quiero conversar, solo quiero conocerte,
dame un poco de tu tiempo para convencerte,
Yo solo quiero ser tu amigo, y me muero por salir contigo,
dame una señal, solo dame una mirada,
si estas a mi lado, a mi no me importa nada,
ya quiero estar entre tus brazos, y me muero por
probar tus labios, rojos, llenos de ti...
Solo dime que si...


 Ayy! Como adoro a esta pareja de.. amigos! Italia y Alemania! O también conocidos como Feliciano y Ludwig!
¿Quién no ha soñado con salir con uno de sus amigos? Admitanlo... 
Aquí les dejo un bonito video con varias parejas ^0^ Y una canción tan cierta...!


  



Jessica C.  Black
Del anime: Axis Power Hetalia. Recomendado!
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Queridos lectores:
(Si es que alguien siquiera me lee...)
En esta publicación me dedicaré a divagar un poco. Luego colocaré el segundo capitulo de mi gran historia del momento. Estoy enamorada de mis nuevos personajes, siempre sucede lo mismo, pero esto es más profundo. Ocurre casi igual que con mi novela: El extraño. La única diferencia es que en esa novela los personajes fueron solo dos personas de la vida. Mas bien la protagonista era una simple muchacha y el extraño un joven atrapante. En esta nueva historia, para la cual tengo principio, nudo y final, los personajes tienen vida, presente, futuro y pasado, y problemas crudos que afrontar. Son dos los que me importan, los principales. A uno ya lo conocen, es mi nueva creación, una muchacha de apariencia fragil, cuerpo debil, pero que a pesar de todo sigue con vida. Adoro a esta chica, espero poder compartir con todos ustedes esta adoración. Intentaré escribir una novela en la que todos conozcan y se encariñen con Mirella. Y mi segundo personaje, de sexo masculino, continua con esas auras misteriosas que me encanta dar.. Lo sé, lo siento, pero no puedo evitarlo,, es molesto que el personaje masculino sea extraño y no muy demostrativo... Pero igualmente Eliseo es un amor! Ups, creo que no debí mencionar el nombre... Igual no aparece hasta luego de unos capitulos mas, y va a ser dificil reconocerlo... Lo genial, para mi, es que voy a colocar palabras en italiano! Estudiar el idioma me va a servir despues de todo... Ya que Mirella es de origen italiano... No creo que les importe mucho. La pobre chica esta un poco trastornada debido a el abandono que sufrió en ese pobre hospital... Aún no se sabe si es posible que siga con vida, o si su cuerpo puede llegar a mejorar. La falta de la visión es algo que ella supo aceptar y su médico no quiere perder el tiempo en algo que no tiene arreglo a no ser que alguien gaste una fortuna en la pobre chica... Me da pena haberla hecho ciega, privarla de un sentido tan esencial. Sin embargo creo que así es más dura su situación y afrontarla la llevara a descubrirse a si misma. Porque Mirella vive preguntandose: ¿Cómo amar lo que no puedes ver? ¿Cómo disfrutar de lo que no puedes ver? Son cosas que va a aprender con el tiempo, y espero plasmarlas con la escritura de una manera que sea del agrado de todos. En verdad gracias por leer esto! A continuación no me demoro mas y coloco el capitulo segundo. La joven chica tiene sus complejos... pero igual la quiero! Sepan aceptarla, por favor.

Cap. 2:


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Mis extremidades cosquillean, todo mi cuerpo se estremece. Puedo sentir aún el rastro de sus caricias. Sé que sólo fue un sueño, no hay lugar para falsas esperanzas. Aún así mi cuerpo siente una paz incomparable. Es la fuerza del amor, aquel cariño fraternal que nunca recibí, una atracción irrefutable hacia ese ser identico a mi. Pude disfrutar del roce de su mano a pesar de ser un sueño, creo que hasta le oí susurrar palabras que nunca antes habían sido dirigidas hacia mi persona. Su dulce voz, sus melosos mimos, me obligaron a susurrar su nombre aún dormida. Aunque estaba conciente que de mis labios brotaba aquella palabra a borbotones, como si de miel se tratara: Melito…

Es dificil: diferenciar la realidad de la fantasía. Soñar con mi hermano no es banal, pero soñar con un mundo que no conozco, imaginarlo es muy distinto a presenciarlo en sueños. He oído historias, descripciones, las palabras sobran para experimentar ese mundo al cual nunca podré adaptarme. Sin embargo desperté sudando y no pude volver a dormir, luego de ese sueño en especial.

-¡Mirella!-chilló la enfermera, su espeluznante grito atravezó mis timpanos, mi cuerpo se convulsionó al oír tan espantoso nombre.

¿Tanto problema por no encontrarme descansando? Sentí el tibio calor del sol acariciar mi piel, como un amante fortuito y no pude evitar acercarme a la ventana. Obviamente caí de la camilla y con mis pocas fuerzas me arrastré hasta la silla que descansaba a un lado de la ventana. Me lastimé las manos en un vano intento de abrir aquellos cristales que me separaban del exterior. Acabé desparramada en la silla ahogando sollozos de angustia. Mi fuerza de voluntad no era suficiente con aquel debil cuerpo, ni siquiera para cumplir aquel vago deseo.

-Imposible, el aire contiene bacterias y ya has intentado tirarte-protestó la mujer sosteniendome con fuerza de un brazo.

No era la mano de mi hermano, no era suave y delicada con una mezcla de masculinidad perfecta. Grité sin darme cuenta, fue una imitación del suyo, nomas que este desgarró mi corazón. No entendía por qué mi cuerpo, sin permiso, reaccionaba de aquella manera. Los pasos del médico se oyeron en la lejanía. Tan temprano y ya tenía que arreglarselas conmigo, en verdad no sentía mucha compasión por aquel hombre al cual no le importaba…

Mi brazo fue conciente de la intrusa, aquella aguja a la cual cuerpo y alma odiabamos. Nos hacía alucinar, nos provocaba cansancio innecesario y las imágenes de mi cabeza tomaban rienda suelta para atormentarme. Aún no me acostumbraba a aquella droga que me inyectaban, no quería acostumbrarme. Ojalá me matara rapidamente, pero ni siquiera eso podía hacerme…

-Lamento lo ocurrido, creo que será mejor que venga otro día a hacer la visita…

Está vez los efectos no fueron violentos, no sufrí demasiado como de costumbre. En mi mente soñé que quien me visitaba era mi hermano y por un momento creí experimentar la felicidad. Mi cuerpo flácido se dejó vencer por el líquido que surcaba mis venas y terminé durmiendo plácidamente, recuperando las horas de sueño que había perdido antes, cuando mi mente era conciente, mi alma estaba pendiente, mi corazón sangraba por la carencia de todo y nada…

Si yo tuviera una vida, la valoraría. Si yo tuviera una vida no me inyectaría por la necesidad de sentirme viva...
Yo no tengo nada, y aún así las agujas atraviesan mi piel... No logro sentirme viva despues de todo...


Jessica C. Black
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